sábado, 23 de enero de 2021

Eduardo Mendoza: EL MISTERIO DE LA CRIPTA EMBRUJADA

El transcurso inexorable de los años, en cuyas fauces perece nuestra evasiva juventud. 

Los gusanos voraces, el olvido, el negro vacío de la inexistencia. 

Nadie divaga tanto como el que se prepara a hacer una confesión. 

Es en verdad curioso cómo la memoria es el último superviviente del naufragio de nuestra existencia, cómo el pasado destila estalactitas en el vacío de nuestra ejecutoria, cómo la empalizada de nuestras certezas se abate ante la leve brisa de una nostalgia.

Es posible que toda niñez sea amarga. 

Siempre seremos lo que ya fuimos. 

La esperanza de que por una vez la virtud se viera recompensada en este mundo y no en el otro. 

Los alquileres andaban por las nubes, la cesta de la compra era un cohete. 

La vida es una hoja a merced del viento. 

No pude contener un par de lagrimones y algún que otro moco, leve homenaje a la fugacidad de nuestros sueños y a lo efímero de la belleza humana. 

La disparidad de criterios que a mi ver existe en punto a belleza entre los hombres y las mujeres, creyendo éstas que su atractivo radica en los ojos, los labios, el cabello y otros atributos ubicados al norte del gañote, en tanto que el género masculino, por así llamarlo, salvo que prono a desviaciones electivas, centra su interés en otras partes de la anatomía, con absoluto desdén de las ya mencionadas. 

Las diferencias sociales se patentizaban en los detalles más baladís o baladíes. 

Hundiendo la cabeza entre los hombros, como si así la lluvia no fuera a encontrársela. 

Me metí en la cama y traté de dormirme repitiendo para mis adentros la hora en que quería despertarme, pues sé que el subconsciente, además de desvirtuar nuestra infancia, tergiversar nuestros afectos, recordarnos lo que ansiamos olvidar, revelarnos nuestra abyecta condición y destrozarnos, en suma, la vida, cuando se le antoja y a modo de compensación, hace las veces de despertador. 

Siempre has sido un ambicioso sin empuje, un tirano sin grandeza y un botarate sin gracia. Has sido vanidoso en tus sueños y apocado ante la realidad. Nunca me has dado nada de lo que yo esperaba, ni siquiera de lo que yo no esperaba, cosa que habría agradecido igual. De mi insondable capacidad de sufrimiento sólo has aprovechado mi sumisión. Contigo me ha faltado no ya la pasión, sino la ternura, no ya el amor, sino la seguridad. 

Es usted constante en sus afectos, pero su hermetismo puede ocasionar malentendidos. 

La desconfianza en el poder público es el mal endémico del país. 

Cómo se ponen los ricachos cuando les traiciona la salud: una jaqueca y se hacen ingresar en La Paz.

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