domingo, 20 de diciembre de 2020

Eduardo Mendoza: EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO

La Naturaleza no es justa ni la justicia es parte del orden natural. 

A ninguna regla le faltan excepciones. 

Nada hay de malo en una pregunta directa, si no esconde malicia. 

Toda acción criminal produce una gran alteración en el ánimo de quien la comete. 

Toda mentira contiene un elemento de verdad. 

A las personas golpeadas por la desgracia les sirve de consuelo explayarse con extraños sobre las causas de su congoja. 

No siempre nos permite el destino elegir el confidente. 

Los desgraciados siempre pensáis que el mundo se mueve a vuestro alrededor. 

El mundo es un nido de serpientes venenosas. Lo mejor es ser pobre y llagado. De este modo no se concita envidia ni se excita la codicia humana.

Nadie se muestra más solícito de su integridad que quien carece de ella. 

Del mismo modo que los dioses frustran nuestros deseos cuando creemos estar a punto de alcanzarlos, así otras veces nos sacan de apuros in extremis por la vía más inesperada. 

- ¿Qué es la verdad?

- Unas veces, lo contrario de la mentira; otras veces, lo contrario del silencio.

Asumir las culpas ajenas no es una virtud ni beneficia a nadie. 

Cuando un inocente muere como un cordero sacrificial por la salvación de otro, el mundo no se vuelve mejor, y encima se malacostumbra. 

Atribuir al dolor propiedades terapéuticas es propio de culturas primitivas. 

Los dioses no suelen mostrarse diligentes cuando se les necesita. 

Nuestro enemigo es el tiempo, contra el que no cabe insubordinación. 

Sólo la sabiduría y la virtud permanecen y su valor se acrecienta con el paso del tiempo. 

Si no distinguimos al amigo del enemigo y al bueno del malo, ¿adónde irán a parar la virtud y la justicia?

Siempre hay poderes dispuestos a invertir en la violencia ajena. 

A las personas les gusta murmurar, con razón o sin ella. 

Las aguas impetuosas de un arroyo pueden ocultar fondos legamosos. 

La adulación es tan eficaz que quien la usa pronto olvida otros recursos y luego, cuando falla el halago, sobreviene una hecatombe. 

Los guardias actúan cuando se les ordena actuar. Si no se les ordena actuar, no actúan. El resto es vanidad. 

No me conviene ser visto con forasteros. La gente es muy celosa de sus pobres. 

Una cosa es cumplir la ley y otra soportar las injurias mansamente. 

La debilidad invita al abuso o a la compasión, dos cosas dignas de ser evitadas. 

Dios o los dioses del Olimpo no conocen el dolor de perder a las personas queridas, y esto los hace inferiores a nosotros. 

Blasfemar es otros privilegio privativo de los hombres. No sirve para mucho, pero, en ocasiones, no viene mal. 

De las muchas cosas escritas, muy pocas están verificadas. 

Si bien el alma, por su capacidad, parece pertenecer al mismo orden natural que los dioses, en realidad es inferior al cuerpo, y está subordinada a él, y sólo con él consigue protección y sosiego. 

¡La Tierra Prometida! Lo malo es que nadie sabe en qué consiste la promesa ni cuándo se cumplirá. 

El mejor remedio en el desconsuelo es la filosofía. 

Eres valiente, fogoso y seguramente hábil en el manejo de la espada. Tres razones poderosas para apuñalarte por la espalda. 

Cuando al cuerpo le dan por el culo, el espíritu revierte en la metafísica. 

Nunca se me presentó la ocasión de cumplir mi promesa. El resto es vanidad y atrapar viento. 

La plebe, que ante la determinación, la unidad y la fuerza es de natural sumisa e incluso abyecta, cuando percibe síntomas de vacilación, discordia o debilidad, se vuelve insolente o temeraria, y basta con que algunos individuos, amparados en el anonimato, difundan rumores, aviven agravios o creen expectativas de saqueo, para que en las aguas más tranquilas se desencadene una tempestad que no deje nada incólume a su paso. 

La fe no entra en mi metodología. El error sí, pues siendo inevitable, su aceptación es camino cierto a la verdad y presupuesto de cualquier reflexión. Pero no la fe. 

Quizá la famosa fuente que da el saber y acorta la vida sólo era una forma poética de describir el amor. 

Repruebo nuestro afán por hacer que la realidad se adapte a nuestras expectativas.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Fernando Aramburu: PATRIA

Una mujer ha de estar muy desesperada para tratar de seducir a su marido después de doce años de matrimonio. 

El borde del tenedor, al chocar contra el fondo del plato, hacía un ruido enérgico, de loza enfadada. 

Es lo único para lo que yo quiero que haya infierno, para que los asesinos continúen cumpliendo allí su condena eterna. 

Aunque encienda todas las lámparas, lo acosa una especie de penumbra que persiste adherida a los objetos al modo de una capa de mugre tenaz y le pone una como pesadez triste en los párpados. 

Le dedicó una sonrisa postiza que le dejó una sensación gelatinosa, fría, de medusa muerta dentro de la boca. 

Día laborable, gris, de esos que parece que no terminan de estirarse, en los que todo es lento, está mojado y da lo mismo la mañana que la tarde. 

La soledad que ayuda a los hombres a volverse serenos y reflexivos. 

Nos esforzamos por darle un sentido, una forma, un orden a la vida, y al final la vida hace con una lo que le da la gana. 

El mar es grande. El mar es como Dios, que está cerca y lejos, que nos recuerda lo pequeños que somos. 

Abrigaba un orgullo sin palabras. Un orgullo de absorción, de fuera para dentro, como esponja que se impregna. 

Se le formó un hueco interior, un como flato existencial, fruto de la extrañeza. 

Se volvió taciturno, arrugado de frente, enfadado de miradas, amigo de andar solo. 

Un hombre puede ser un barco. Un hombre puede ser un barco con el casco de acero. Luego pasan los años y se forman grietas. Por ellas entra el agua de la nostalgia, contaminada de soledad, y el agua de la conciencia de haberse equivocado y la de no poder poner remedio al error, y esa agua que corroe tanto, la del arrepentimiento que se siente y no se dice por miedo, por vergüenza, por no quedar mal con los compañeros. Y así el hombre, ya barco agrietado, se irá a pique en cualquier momento. 

El mal tiempo barre a la gente de la calle. 

El sol, de retirada, trazaba sobre la superficie marina una franja de nerviosos espejos. 

Cómo se resiste la gente a devolverle al planeta los átomos prestados. De hecho, lo raro y excepcional es estar vivo.